
Hace poco más de un año que Hermelinda se integró al programa de Supervivencia Infantil (CSP) apoyado por Compassion. Ella es una mujer trabajadora que vive en la comunidad indígena de Frontera Corozal, en lo espeso de las junglas Chiapanecas. Su comunidad es hermosa, muy húmeda, verde y llena de vegetación, pero en un lugar muy remoto sin oportunidades de empleo o educación.
Casi toda la comunidad se encuentra baja la línea de pobreza, pero la situación de Hermelinda es evidentemente crítica. Es una madre que ha sido abandonada por su esposo y al cuidado de dos niñas pequeñas, una de siete años y una de dos.
Su casa está hecha de madera, solo tiene una mesa, un par de sillas. No tiene luz, agua o estufa y normalmente tiene muchas dificultades para alimentar a sus hijas. Hermelinda trabaja lavando ropa ajena, limpiando o haciendo quehaceres domésticos por menos de 50 pesos el día.

Su pequeña hija Jennifer de dos años, fue recientemente registrada en el programa de CSP en la iglesia evangélica de su comunidad.
La Iglesia ha hecho mucho por ayudar a Hermelinda y a su familia. La primera intervención en su favor fue para proveerles de agua potable. Al no tener agua limpia en su casa, Hermelinda llevaba botellas de plástico desde las casas vecinas para poder dar a sus hijas de beber. Tampoco podía lavar su ropa en casa, sino que pedía de favor a una vecina poder usar su lavadero y finalmente la falta de agua no les permitía tomar un baño con la regularidad adecuada.
Hermanos del proyecto pagaron la toma de agua potable y la Iglesia se encargó de rascar y hacer la conexión para llevar una manguera a la casa de Hermelinda. Así ella y su familia pudieron finalmente tener agua potable en casa.
Parece algo muy sencillo, pero en su primer chequeo médico, Jennifer fue diagnosticada con escabiasis, sin embargo la pudo superar después de un tratamiento corto con jabones , cremas y una mejor higiene para la cual el agua fue esencial.
Jennifer recibió tratamiento antiparasitario y complementos alimenticios para mejorar su estado nutricional. Un doctor de Palenque, la cuidad principal a tres horas, viene regularmente a revisar a cada niño del CSP y se les apoyan para sus medicinas. Hermelinda vive agradecida por toda la ayuda.
El mayor logro de Hermelinda es la forma en que ella ve la vida ahora. Hermelinda sabe que no está sola, hay una iglesia que cuida de ella y según le han dicho, hay alguien aún mayor que le ama y ama a sus hijas. Hermelinda es más fuerte para enfrentar la vida. Sigue trabajando duro, pero hay una chispa en sus ojos que comienza a brillar con esperanza.
Esta pequeña chispa es la que la hace sentirse aceptada, después de haber sido despreciada y sentir que ella es capaz de salir adelante, después de sentir que no tenía valor. Hermelinda ha comenzado a creer que ella puede proveer para sus hijas, pues ha podido comprar algunos patitos y pollos para criarlos y para dar con ellos alimento nutritivo a sus hijas en el futuro.

Como parte del programa, Hermelinda recibe una visita en casa cada dos semanas. En cada visita ella prende cómo cuidar mejor de sus hija pequeña, recibe consejería y apoyo. Hermelinda también está aprendiendo a leer y escribir. Ese sentimiento de logro y aprendizaje es liberador.
Además de todos los beneficios del programa, Hermelinda ha recibido una cama y un colchón. Antes dormían en el suelo pero durante la temporada de lluvias el agua entraba en su casa y mojaba su cama. Ahora podrán dormir con una cama seca. Siete meses es un tiempo corto, pero es justo el tiempo suficiente para permitir que la luz del Señor comience a brillar en la vida de Hermelinda y sus hijas.