Isa y su famila viven en Tlaxcala, en una comunidad que es mejor conocida por sus tacos de canasta. Debido a esto, muchas personas se ganan la vida vendiendo tortillas o tacos en las ciudades grandes más cercanas. La madre de Isa, Argelia, es una de estas personas trabajadoras. Tiene su negocio de tortillas desde hace nueve años. Argelia ha desempeñado el papel de madre y proveedora de sus dos hijos, Isa y Carlos, durante quince años. Lamentablemente, cuando Isa tenía solo cinco años, su padre emigró a los Estados Unidos en busca de una oportunidad laboral pero nunca regresó.

Sin embargo, Argelia decidió criar a sus hijos lo mejor que pudo con el apoyo de su madre, María, quien siempre ha sido su principal fuente de inspiración y apoyo. “Criar sola a mis hijos durante todos estos años ha sido un gran desafío y responsabilidad, pero cuando los miro hoy, me siento feliz y orgullosa por los adultos en los que se están convirtiendo”, dijo Argelia. “Los años cuando Isa y Carlos eran jóvenes fueron muy duros, porque Isa nació con una condición médica llamada pie zambo, con ambos pies torcidos fuera de posición. Una gran parte del salario de Argelia fue necesaria para cubrir los gastos médicos de Isa durante 14 años. La madre de Argelia, María, al ver a su hija tan agobiada con los gastos buscó una solución y la animó a abrir su propio negocio de tortillas. Después de muchos meses de esfuerzo, ambas ahorrando al máximo, lograron juntar algo de dinero para iniciar un negocio y poco a poco su sueño comenzó a materializarse.

Isa y Argelia haciendo tortillas.

Bendición y desafío

Una bendición más llegó cuando Argelia se enteró del programa Compassion y registró a sus dos hijos cuando Isa tenía nueve años. Argelia se siente agradecida por la oportunidad. “Afortunadamente mis hijos son adolescentes centrados que tienen a Dios en sus vidas y tienen el deseo de superarse estudiando una carrera para construir un futuro mejor”, dijo Argelia. Años de arduo trabajo y dedicación pasaron hasta que enero de 2021 golpeó a la familia con un desafío inesperado que traería grandes repercusiones económicas y sanitarias durante un período prolongado. Isa y todos los miembros de su familia se infectaron con COVID-19. Argelia fue la última en enfermarse, así que ella fue la que se hizo cargo de atender a todos los miembros de la familia que se infectaron primero, y fue la más afectada por el virus. Con su hija terriblemente enferma, María decidió hacerse cargo del negocio de tortillas para darle tiempo a Argelia de recuperarse del virus. Isa y Carlos continuaron yendo a sus trabajos para ayudar con algunos gastos de la casa, pero esto no era suficiente para cubrirlos todos . Argelia trató de descansar un par de días, pero al ver cómo su negocio y su familia se veían afectados por su ausencia, decidió levantarse de la cama a pesar de lo mal y débil que se sentía. “Fueron momentos muy oscuros. Sentí que todo mi cuerpo se desmoronaba, y por un momento hasta pensé que me podía morir”, dijo Argelia.

María, Argelia, Isa y Carlos, orando juntos.

Meses de lucha y enfermedad

Meses después, Argelia aún no se había recuperado del todo. En agosto tuvo una recaída de salud muy fuerte que le provocó la inflamación de una de las venas del cerebro y de los pulmones. Isa se llenó de ansiedad al notar que la apariencia física de su mamá también estaba siendo afectada, perdió 12 kilos y mucho cabello también. Finalmente convenció a su madre para que la acompañara a ver a un médico.
Durante estos meses Argelia vivía en una preocupación constante. La mayor parte del dinero se destinaba a sus controles médicos, medicinas y transporte a la clínica más cercana, dejándola sin nada para los gastos del negocio. Argelia entró en un ciclo de solo trabajo y pocas horas de descanso. Esto la llevó a un estado depresivo. “Fui a trabajar sintiéndome deprimida y ansiosa. Lo único que me importaba era trabajar y dormir. Solo comía un poco porque ni siquiera tenía hambre”, dijo Argelia. Cada día, Isa y Carlos se sentían más lejos de su madre. y más preocupados por su estado físico y emocional, preguntándose qué podían hacer para apoyarla.
Afortunadamente, un sábado Isa fue al centro de Compassion a recoger un paquete de comida y el director, Isaac, se acercó a ella para conversar y ver cómo iba todo. Isa se sinceró con Isaac y le dijo lo preocupada que estaba por la salud y las finanzas de su madre, ya que ni siquiera tenía dinero para comprar las materias primas. Fue un gran alivio contarle sus problemas al director. Pero su respuesta le dio una gran sorpresa.

Una tonelada de maíz

El director del centro la consoló y le dijo que no se preocupara más, que el programa estaba para apoyarlos. Él sonrió mientras le decía que tenía un plan en mente. La instó solo a decirle a su madre que el próximo mes llegaría una sorpresa. “Isa me dijo un día: ‘Mamá, ¿adivina qué? ¡Pronto habrá una sorpresa!’ Pero de alguna manera no le creí”, dijo Argelia. Entonces, una tarde de octubre, Isaac llamó a la puerta de Isa y le pidió a Argelia que saliera a la calle porque tenía algo que mostrarle. Abrió las puertas traseras de una camioneta de carga y se descubrieron 10 sacos grandes, una tonelada completa de maíz. Argelia se quedó sin palabras. No podía creer que fuera cierto lo que su hija le había dicho hace unas semanas. Argelia pudo reactivar su negocio y, poco a poco, todo su estrés y sus deudas se disiparon. Ahora que estas preocupaciones han desaparecido, su salud y espíritu han sido restaurados, y las sonrisas en la familia también han regresado. Fue un poderoso recordatorio de que a partir de ahora, sin importar las batallas que ella o sus hijos puedan encontrar en su camino, ya no tienen que pasar por ellas solos, siempre cuentan con el apoyo de los colaboradores del Centro e Desarrollo Integral de Compassion. “No tengo palabras para describir lo agradecida que me siento por todo. el proyecto ha hecho por nosotros, especialmente durante esta temporada oscura que atravesamos”, dijo Argelia. “Esta sorpresa fue sin duda un rayo de luz en la oscuridad”.

Argelia sonriendo, sentada frente a los sacos de maíz.

Historia por Daniela Velasco

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