
En la Biblia podemos encontrar la historia de Ester. También conocida como Jadasá, esta joven, que era muy hermosa, fue llevada al palacio del rey, hecha reina y desde este puesto importante y privilegiado pudo interceder por el pueblo judío para evitar su destrucción (podemos conocer más a detalle lo sucedido en el libro bajo el mismo nombre, Ester). Pero un factor muy importante en todo este proceso fue su primo Mardoqueo, quién más que eso, era un padre para ella. Siendo huérfana, él adoptó a Ester, la cuidó, educó, inculcó valores, y a lo largo de su reinado, estuvo presente aconsejándola y animándola. ¿Hubiera sido igual la historia de Ester, sin Mardoqueo? Por supuesto que no sabemos con certeza que hubiera pasado, pero, sin duda alguna, Mardoqueo fue parte clave de su vida. Así como Mardoqueo, en la actualidad encontramos hombres y mujeres que marcan una diferencia en las vidas de niños sin padres. Una de estas personas es María, quien ha sido una luz y guía en la vida de tres pequeños: Paty, Juan y Silvia.

Tiempos difíciles
Con tan solo 7 años de edad, Paty tuvo que hacerse cargo de sus dos hermanitos menores cuando su madre falleció, ya que, a raíz de este suceso, su padre cayó en una depresión que lo llevó a una adicción al alcohol. Estos fueron tiempos muy difíciles para los niños. La vida se dificultó tanto que dejaron de asistir a la escuela y se quedaban solos durante la noche. Se veían forzados a pedir comida en la iglesia para saciar su hambre.
Durante este tiempo, los niños vivían como nómadas yendo de la casa de un familiar a la de otro mientras que su padre no los cuidaba. En la última casa que estuvieron, los niños permanecieron por un par de semanas antes de que los enviaran a otro lugar, ya que no podían manejar la responsabilidad.
“Tuvimos una vida muy difícil porque muchas veces mi papá nos dejaba bajo el cuidado de diferentes personas y nos olvidaba completamente por largos periodos. No nos enviaba dinero ni nos visitaba,» dice Paty.
Un cambio para bien
Después de un tiempo de andar de casa en casa y creyendo no tener más familiares a quienes pedir ayuda, el padre de los niños recordó a María. Era la madre de uno de sus primos y era conocida por ser una mujer trabajadora, amorosa y muy querida por su comunidad. Sorprendida por la solicitud, María oró a Dios diciendo “Señor, ¿qué puedo hacer? Son tres niños pequeños. Por favor, si es tu voluntad, dame la fuerza y el tiempo para apoyarlos”.
Así, después de un tiempo para pensar, aceptó cuidarlos. Un mes después, el padre de los niños se metió en problemas con la policía debido a su problema de alcoholismo y enfrentaba la posibilidad de ser enviado a prisión. Cuando María supo esto, decidió obtener la custodia legal de los niños.
Una de las primeras cosas que hizo cuando los niños fueron legalmente suyos, fue inscribirlos en la escuela y en el programa de Compassion. Ella quería que tuvieran un buena educación y bases espirituales fuertes para que pudieran así tener un futuro próspero.

Llegan las bendiciones
A pesar de todas las inquietudes que pudo haber tenido María al inicio acerca del tiempo, dinero, espacio y la capacidad para cuidar de los niños, Dios ha sido bueno y ha previsto cada necesidad. Por medio de una intervención, el proyecto de la iglesia socia a la cual asisten los niños los apoyó con dos literas, cuatro colchones nuevos, un nuevo refrigerador, estufa, un mueble con cajones, juguetes, ropa para los niños y una mesa para el comedor junto con sus sillas.
“Me sentí muy feliz porque nunca hemos tenido todo esto. A mi hermanito le regalaron un balón y a mi hermana y a mí una muñeca,” dijo Patty.
Hoy en día, los niños demuestran su amor y gratitud con María por medio de abrazos, sonrisas, y ayudándola en el hogar y en su trabajo. Ella ha colaborado a que sean niños responsables, agradecidos y la gente a su alrededor ha podido ver un cambio evidente y positivo en ellos.
Así como Mardoqueo en la Biblia, María es ejemplo de la actitud que como siervos de Cristo debemos tener ante los niños. Dios conoce el potencial que cada uno posee y nos da la oportunidad de desarrollar ese potencial brindándoles protección, amor y cuidado.
«Mardoqueo tenía una prima llamada Jadasá. Esta joven, conocida también como Ester, a quien había criado porque era huérfana de padre y madre, tenía una figura atractiva y era muy hermosa. Al morir sus padres, Mardoqueo la adoptó como su hija.”
Ester 2:7
Historia por: Daniela Velasco